Abstract
I. TítuloLas culturas políticas en Perú. El caso de Lima
II. Objetivos
1. Objetivo General
Los propósitos de esta investigación consisten en identificar las subculturas políticas existentes en Lima, la capital de Perú, y comprender sus rasgos distintivos desde el punto de vista de las actitudes sociales y políticas, los valores y las variables socioeconómicas y demográficas.
2. Objetivos Específicos
Estos objetivos se centran en las principales características de la cultura política en Lima, tomando en consideración los cuatro factores explicativos de la cultura política propuestos por Morán y Benedicto (1995), a saber, el papel del ciudadano como actor, la vinculación del ciudadano con la política, las creencias y actitudes hacia el sistema político, y las actitudes hacia el Estado y el gobierno.
A las variables antes mencionadas, se suma la comprensión de los diferentes tipos de subculturas políticas en el área metropolitana de Lima, haciendo hincapié en las características y significado de estas últimas.
III. Métodos y técnicas de investigación
La investigación contempla un estudio cualitativo y otro de índole cuantitativa. En el primero se desarrollaron ocho dinámicas grupales con mujeres y hombres de 18 a 55 años correspondientes a cinco niveles socioeconómicos. En el segundo estudio se realizaron, para la encuesta de naturaleza cuantitativa, 1530 entrevistas estandarizadas a mujeres y hombres de 18 a 80 años correspondientes a los cinco niveles socioeconómicos antes citados. Este segundo estudio permitió llevar a cabo un análisis multivariado para identificar las dimensiones de la cultura política en el área metropolitana de Lima y proceder a la comprobación de la existencia de cuatro tipos diversos de subculturas políticas existentes en este contexto urbano.
IV. Resultados
El área metropolitana de Lima se caracteriza por tener un bajo capital social que se plasma en la desconfianza interpersonal, el bajo respeto a las normas y la baja participación en asociaciones. En ese contexto, las personas desarrollan sus esfuerzos para mejorar su situación personal y familiar, teniendo un bajo interés por la política y los asuntos públicos. Si bien la mayoría de esta población apoya la democracia como forma de gobierno, los datos indican que la satisfacción con la misma es baja. En efecto, se detecta una imagen deteriorada de las instituciones del sistema político porque se considera que éstas son corruptas y/o que actúan sólo en función de intereses personales que suponen, a menudo, que no se respeta la ley.
Además, buena parte de la ciudadanía no tiene mayores preferencias por un partido político o un líder político. De hecho, en relación con lo último, se aprecia que la participación electoral se produce por obligación y no por devoción. Todos estos aspectos influyen en que exista un alto porcentaje de electores que estiman que el uso de la mano dura, como estilo de gobierno dentro de una democracia, debe ayudar a poner orden y hacer justicia.
Por otro lado, el análisis multivariado ha contribuido a descubrir la existencia de cuatro subculturas políticas categorizadas en los siguientes términos: los críticos participativos (12%), los conformistas desinformados (41%), los leales institucionales (16%) y los renegados insatisfechos (31%).
Al tenor de esta categorización, el 72% del electorado limeño tiene una relación de apatía (directamente ligada al grupo de los conformistas) o de alienación (vinculada a los renegados) con el sistema político.
Por su parte, los críticos participativos se caracterizan por ser individuos activos en organizaciones de base, que en comparación con las otras categorías, tienen mayor contacto con la actividad política. Con otras palabras, los críticos participativos son personas que demandan ser escuchadas y que muestran una tendencia más crítica con las actuales instituciones, especialmente con la institución gubernamental, solicitando mayores reformas. Concretamente, en la encuesta que hemos realizado, los entrevistados asociados a la subcultura de los críticos participativos han contestado que si hubiese instituciones capaces de ofrecer mayores opciones de participación, se acercarían a ellas, aunque reconocen no haberlas encontrado. En definitiva, constituyen un grupo más inclinado a la opción de soluciones presidencialistas o verticales como modos de oponerse a instituciones que rechazan.
Los conformistas desinformados son los más parecidos a los sujetos anómicos descritos por Almond y Verba (1970). No les interesan los asuntos públicos y solo les prestan atención si estos últimos les afectan personalmente. No ponen de manifiesto claras demandas en la medida en que se hallan desconectados de la política.
En lo que se refiere al grupo de los leales institucionales, este se aproxima más a los ciudadanos cívicos, aunque, en su caso carece de intención participativa. Este mismo grupo, a pesar de contar con una mejor percepción de la eficacia política realiza muy pocas conductas participativas desde el punto de vista de las acciones cívicas y políticas. Ahora bien, bien es cierto que su vinculación con la política es más pasiva materializándose a través del consumo de información y del voto. Los leales institucionales tienden a delegar la iniciativa en las instituciones políticas tradicionales. Finalmente, podemos afirmar que se trata de un grupo insatisfecho con el comportamiento de la democracia en general y las instituciones.
Por último, el grupo de los renegados insatisfechos hace patentes actitudes disconformes tanto con los partidos y líderes políticos como con los poderes del Estado. Son más individualistas que los otros grupos de subculturas políticas y rechazan, más que otros, algún tipo de participación cívica o política. Sin embargo, siguen la información política, adoptando con más frecuencia una actitud más anti partidista que apolítica. Expresan cierto interés en la política en la medida en que ésta les afecte o cuando determinadas circunstancias, como las de carácter electoral, requieren su atención. Y al igual que los críticos participativos, se muestran más dispuestos a participar si surge un cambio en la oferta institucional.
V. Conclusiones
En primer lugar, a modo de conclusión, debemos subrayar que se ha identificado un patrón de cultura política en el área metropolitana de Lima, que es compartido por un gran porcentaje de la población. En este modelo destacan once factores explicativos que corresponden, respectivamente, a la evaluación de las instituciones, la participación cívica/política, la orientación al input, la competencia informativa, las actitudes autoritarias, el interés político puntual, la simpatía política partidista, la tolerancia política, la satisfacción con la democracia, la disposición crítica a participar, y la orientación al output y los temas locales.
En segundo lugar, los resultados obtenidos nos autorizan a recalcar que la cultura política dominante en el área metropolitana de Lima es muy cercana a lo que Almond y Verba (1970) definieron como una cultura de súbdito participante. En general, con respecto a esta cultura política, se aprecia un bajo capital social y un sentimiento de anomia bastante extendido. En este sentido, la sociedad limeña parece estar más orientada al output, es decir los resultados, en un sentido pragmatista, y ello en la medida que prioriza el logro de las metas en detrimento de los medios a través de los cuales se alcanzan los objetivos, lo que refleja el escaso interés dado a los aspectos del input.
No obstante, entre los grupos subculturales los hay que expresan mayores demandas participativas o de defensa de la instituciones democráticas.
Sin duda, en general, el apoyo a la democracia es bajo, primando una lealtad espuria, ya que el 58% de los encuestados apoyan la democracia haciendo patente al mismo tiempo una notable insatisfacción hacia la misma.
Con otras palabras, estamos ante una cultura política de una democracia sin partidos (Levitsky y Cameron, 2003; Tanaka, 2005; Crabtree, 2010), que promueve el populismo o el neopopulismo ajenos a la valoración positiva de las instituciones y coincidentes con una demanda de mano dura o soluciones personalistas dispuestas a ofrecer resultados sin hacer hincapié en las formas. En consecuencia, una posible solución que contribuya a una reforma institucional, debería tomar en consideración dos tipos de subculturas políticas vinculadas a los críticos participativos y los renegados insatisfechos, como grupos susceptibles de apoyar un conjunto de reformas para alcanzar la profundización de la democracia reclamada por la ciudadanía.
| Date of Award | 2015 |
|---|---|
| Original language | Spanish |
| Awarding Institution |
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| Supervisor | Joelle Ana Bergere Dezaphi (Supervisor) |
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